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Nobel Saria gerraz mintzo ote?

2009-12-12  ¦  Erromako Kluba

Obamaren hitzaldiak, besterik dirudien arren, gerraren premiari buruz egindako aipamenez gainera, aurrez aurre dauden zailtasunak eta ezintasunak aztertu zituen erraz eta xume asko, eta baita, funtsean, elkarren artean adostu beharreko moral-mota berriaren aldeko erronka proposatu ere. Hauxe da Igor Filibi Euskal Herriko Unibertsitatearen Nazioarteko Harremanen irakaslearen iritzia, Deia egunkariak gaur jasoa.

Nobel Saria gerraz mintzo ote?

Barack Obama, Bake Nobel Saria*

Un Nobel de la Paz hablando de guerra?

Barack Obama ya ha recogido el premio Nobel de la Paz. Se ha escrito mucho sobre la decisión de concederle este galardón tan prestigioso. El mismo premiado ha reconocido lo polémico de su nombramiento y ha aceptado con humildad que sus logros no están a la altura de la mayor parte de sus predecesores. Está claro que el premio no se justifica por lo que ha hecho sino por lo que ha prometido hacer. En su discurso agradecía la generosidad de la fundación Nobel ya que, en sus palabras, "estoy en el comienzo y no en el final de mi contribución a los asuntos mundiales".

No cabe duda que la diplomacia noruega, sofisticada y elegante, ha logrado lanzar un debate mundial con este nombramiento y presionar, nada más y nada menos que al presidente del país más poderoso del mundo, en favor de la causa de la paz. El premio trata de fortalecer los valores de la paz tanto en la opinión pública internacional como entre los millones de norteamericanos que han apoyado a Obama.

Al mismo tiempo, de forma inevitable, todos establecemos la comparación entre las primeras medidas y discursos de Obama y lo que hizo hace sólo unos meses su predecesor en el cargo, George W. Bush. Premiando a Obama se le da un fuerte tirón de orejas a Bush y al grupo de halcones de Washington. Otro mensaje implícito en el premio es que la Fundación Nobel considera a EE.UU. la mayor amenaza a la seguridad mundial. No extraña, teniendo en cuenta que posee el mayor ejército del mundo, superior a los de todos sus aliados y potenciales enemigos juntos.

De alguna manera, la Fundación Nobel ha usado el prestigio y carisma de Obama en beneficio de sus ideales e intereses. Pero Obama, al aceptar el premio y acudir a Oslo a recibirlo, ha tenido la ocasión de hablar al mundo desde una tribuna privilegiada a una audiencia mundial que estaba vivamente interesada y expectante en conocer qué diría el presidente norteamericano. En este sentido, Obama ha tenido también la posibilidad de usar dicha tribuna en beneficio de sus propios ideales e intereses.

En mi opinión, Obama ha aprovechado magníficamente la oportunidad. Su discurso ha huido de convencionalismos y protocolos. No se ha limitado a decir gracias y a dar recuerdos para su familia. No ha evitado la complejidad de un tema, el de la guerra y la paz, que lleva siendo debatido por hombres de Estado y filósofos desde hace siglos y ha desarrollado una serie de argumentos de gran interés. Se trata de un tema tan polémico y complejo que no deja indiferente a nadie.

Muchos periodistas titularán que Obama recibe el Nobel de la Paz hablando de guerra. Quizás sirva para vender periódicos, pero no para comprender lo que Obama dijo. Obama pudo citar a algunos pacifistas consagrados (Martin Luther King, Gandhi), lanzar algunos eslóganes huecos y lanzar un par de brindis al sol: hay que ser buenos, ojalá no haya guerras, etc. Pero Obama no lo hizo. Citó a esos líderes, demostrando conocerlos mucho mejor que algunos de nuestros gobernantes, pero prefirió ser valiente y afrontar el verdadero reto. ¿Qué hacer cuando un régimen tiránico no acepta negociar? ¿Qué hacer si un país enemigo te apunta con un misil? ¿Qué hacer si una guerra provoca miles de refugiados e inunda de inestabilidad toda una región del planeta? ¿Valdrán las buenas palabras entonces? Obama ha hecho autocrítica como norteamericano, marcando distancias con Bush y aceptando sus limitaciones, pero con su discurso nos obliga también a los bienpensantes europeos a hacerla. Ha habido guerras y las seguirá habiendo, señaló con crudeza. Pero no todas las guerras son iguales, algunas son justas. Por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial. No fueron las buenas palabras quienes nos salvaron de Hitler y su Tercer Reich. Obama recordó con justicia las decenas de miles de soldados norteamericanos que dieron su vida en Europa por nuestra libertad, sumados a los millones provenientes de la Commonwealth británica y de las estepas soviéticas.

Tras mostrar la dificultad inmensa de la tarea, Obama quiso terminar con un mensaje de esperanza. Aunque ha seguido habiendo guerras, algunas muy duras, también ha habido logros. En una época con armas nucleares que nos amenazan a todos, se ha logrado evitar de momento una tercera Guerra Mundial. Los europeos hemos logrado terminar con nuestras guerras civiles de siglos. En estos logros hay que destacar el valor de las instituciones. Pueden perfeccionarse, desde luego, pero son imprescindibles. Obama citó la OTAN, pero también el papel que deben jugar las Naciones Unidas. Hay que reconocer el mérito de que un presidente de EE.UU. diga esto, porque es bien conocido el escepticismo en este país hacia la ONU.

Obama tampoco dio lecciones. Con toda sencillez reconoció que no conoce la solución a tan difíciles retos. Por eso mismo, insistió, es necesario más que nunca el valor de la cooperación, del diálogo, creando consensos internacionales que aíslen a los países que no acepten unos estándares comunes. En el fondo apostó por ir creando una especie de moralidad consensuada entre la inmensa mayoría de los países sobre cuándo es aceptable y cuándo no el uso de la fuerza. Reconocer esto supone en realidad cambiar drásticamente la forma en que la Casa Blanca ha venido entendiendo el poder y la soberanía desde hace décadas. Un Estado ya no podría hacer lo que le venga en gana. Recordemos que en esto consistía la vieja soberanía de los Estados. Pero ahora habría algo que podría poner freno a la voluntad estatal, unas reglas del juego mínimas aceptadas por todos.

¿No es esto lo que los europeos aprendimos tras la Segunda Guerra Mundial, cuando nuestros imperios se desvanecieron entre el humo de las bombas y los escombros? Obama es consciente de que el imperio estadounidense también se desvanece, de que por sí solo ya no puede imponer su voluntad y ni siquiera un mínimo orden. El valor de la cooperación sólo la descubren los pueblos de pequeño tamaño y los imperios cuando dejan de serlo. Es algo que Noruega descubrió hace bastante, baste mencionar su tradicional pacifismo y neutralidad, y la mayoría de los países europeos tras perder sus imperios. Las palabras de Obama estaban impregnadas de esta magnífica y reveladora decadencia imperial. Sólo por sus palabras ha merecido obtener el Nobel de la Paz. Aunque no cumpla lo que ha dicho, pues tampoco sería la primera vez que un presidente no cumple sus promesas. Sin embargo, no todos los líderes expresan sus ideales de una forma tan sabia y a la vez consciente de sus propias limitaciones. Suele decirse que los imperios acostumbran a darse grandes líderes al comienzo, cuando se forman, y al final, cuando el pueblo renuncia a la gloria y únicamente quiere vivir en paz. Tal vez Obama sea otro ejemplo de esta tendencia.